La naturaleza está presente tanto en nuestro programa expositivo como en nuestras colección de ediciones A-3. La exposición Plantas, a partir de los trabajos fotográficos de Karl Blossfeldt, las cerámicas de Rosa Cortiella y el proyecto sonoro de Óscar Martín, propone un acercamiento a este tema desde distintos lenguajes y sensibilidades. Fotografía, cerámica y sonido establecen un diálogo en torno a las formas naturales, sus procesos de transformación y las maneras en que las percibimos y representamos.
Desde el siglo XVIII, la observación de la naturaleza se convirtió en una herramienta fundamental para comprender su organización interna. Carl Linnaeus desarrolló la taxonomía moderna, clasificando plantas y animales a partir de la observación rigurosa de sus formas y estructuras, revelando patrones, simetrías y relaciones morfológicas ocultas tras la diversidad visible. En el siglo XIX, Gustav Theodor Fechner amplió esta mirada al estudiar cómo las formas naturales son percibidas por el observador, vinculando estructura, sensibilidad y experiencia estética. Para Fechner, la naturaleza no solo podía analizarse científicamente, sino también experimentarse emocionalmente a través de sus ritmos y geometrías.


A comienzos del siglo XX, Karl Blossfeldt sintetizó ambas tradiciones mediante la fotografía. Sus ampliaciones de plantas funcionan como un preciso instrumento de observación y registro, capaz de revelar detalles invisibles a simple vista: repeticiones modulares, tensiones geométricas, espirales y simetrías presentes en las estructuras vegetales. Heredero de la precisión descriptiva de Linnaeus y de la sensibilidad estética planteada por Fechner, Blossfeldt transformó la planta en objeto de estudio y contemplación. Sus imágenes muestran la naturaleza como un archivo de formas donde ciencia, observación y arte convergen, haciendo visible el orden estructural que subyace al mundo natural.
En la serie Botánicas, Rosa Cortiella continúa explorando las posibilidades formales y conceptuales de su trabajo vinculado a la naturaleza, una línea de investigación iniciada en su proyecto anterior, Mutaciones y Ofrendas. En aquella propuesta, la artista establecía un diálogo entre extremos —fortaleza y debilidad—, poniendo de relieve simultáneamente la fuerza y la fragilidad, así como la complejidad de la vida y su relación con el entorno natural.


En Botánicas, las referencias al mundo vegetal dialogan con la tradición de observación morfológica desarrollada por Karl Blossfeldt. Al igual que en sus célebres estudios fotográficos de brotes, semillas y estructuras vegetales, las piezas de Rosa Cortiella exploran las cualidades escultóricas de la naturaleza, transformando formas orgánicas en arquitecturas sensibles donde conviven fragilidad y resistencia, crecimiento y transformación.
Sus obras no reproducen la naturaleza, sino que interpretan sus procesos, revelando la potencia simbólica contenida en sus formas esenciales. En este sentido, la obra comparte con el trabajo de Blossfeldt una mirada que trasciende la función descriptiva de la planta para adentrarse en el territorio de la abstracción. La naturaleza deja de ser únicamente un motivo de observación para convertirse en un repertorio de formas, ritmos y estructuras capaz de generar nuevos lenguajes visuales.
Nuvem-VLF de Óscar Martín surge de la investigación que realizó durante la residencia de invierno en Nuvem – Estação Rural de Arte e Tecnologia (Brasil, 2013), centrada en la exploración de las emisiones electromagnéticas del espectro VLF (Very Low Frequency) y su relación con el entorno natural.
La pieza se construye a partir de grabaciones de campo y registros VLF realizados en el paisaje de Fumaça mediante un receptor de radio de fabricación casera. Más allá de la captación de fenómenos electromagnéticos asociados al campo magnético terrestre, la investigación se orientó hacia la experimentación con los propios elementos del entorno como parte activa del sistema de escucha.


Uno de los aspectos más significativos del proyecto fue la utilización de plantas y árboles como antenas naturales, alterando el funcionamiento convencional del receptor mediante diferentes conexiones a tierra y sistemas de captación. Estas pruebas revelan una dimensión sonora oculta del paisaje, donde la vegetación actúa como interfaz sensible capaz de mediar y hacer perceptibles fenómenos electromagnéticos normalmente fuera del rango de la percepción humana.
La obra propone así una escucha expandida de la naturaleza, explorando los límites entre lo audible y lo inaudible y estableciendo nuevas formas de relación entre tecnología, medio ambiente y percepción.