La exposición sigue la línea iniciada con En torno a Picasso. Influencias, colaboraciones, revisiones, muestra en la que comenzamos a presentar obras y conceptos desarrollados durante la posmodernidad. Representaciones en torno a la familia reúne una serie de obras que nos acercan a distintas interpretaciones de lo que se entiende como una familia normativa. La propuesta inicia con un dibujo anónimo del siglo XVII, continúa con fotografías del siglo XIX —en las que los autores parten de un proceso de hibridación o montaje—, y se completa con un conjunto de obras de Xavier Franquesa realizadas en la década de 1990, que giran en torno a la autobiografía y a la familia como temas centrales. Se puede ver hasta el día 11 de noviembre en calle Casanova, 136-138, B-3, 08036, Barcelona.
Durante las décadas de 1980 y 1990, la autobiografía experimentó una transformación significativa, especialmen- te en relación con temas personales e identitarios, como la familia. Las teorías posmodernas impulsaron una revi- sión crítica a los modelos establecidos. La familia, como institución nuclear y normativa, fue objeto de reexamen y representación desde nuevas perspectivas en las que se cuestionaron los modelos clásicos.
Surgieron narrativas que visibilizaron modelos familiares alternativos, como las familias monoparentales, y se dio mayor espacio a experiencias antes marginalizadas. La vida privada, las relaciones familiares y la subjetividad se convirtieron en temas centrales tanto en la literatura como en las artes visuales. Los artistas comenzaron a inte- grar explícitamente su vida personal en sus obras, utilizando su biografía como material artístico y como medio para explorar la construcción de la identidad.
Este periodo también se produjo un desdibujamiento de las fronteras entre lo público y lo privado. La intimidad dejó de ser un espacio exclusivamente personal para convertirse en un terreno de representación y análisis cul- tural. Los creadores usaron su historia personal para cuestionar las normas culturales y dar voz a nuevas formas de entender la intimidad y la pertenencia, problematizar las estructuras sociales, culturales y afectivas.
En el ámbito visual, la figuración recuperó un lugar central en el arte posmoderno. Tras décadas dominadas por el conceptualismo y la abstracción, resurgieron lenguajes figurativos que no buscaban volver a la representación tradicional, en sus obras incorporaron la ironía, la parodia y una actitud crítica. Este “neoimpresionismo” pos- moderno no fue solo una reactivación estilística, sino una forma de reinterpretar el pasado desde una mirada contemporánea, atravesada por la crítica cultural y la autorreferencialidad.
La figuración permitió reinsertar el cuerpo y la experiencia individual en la obra de arte, y se convirtió en una herramienta eficaz para abordar temas identitarios, históricos y afectivos. Un ejemplo claro de esta evolución se observa en la obra pictórica de Xavier Franquesa. Su trayectoria muestra una transición desde la geometría minimalista hacia un lenguaje matérico ligado al neoimpresionismo. Su doble rol de artista e historiador del arte le permitió adoptar una postura crítica particular, desde la cual incorporó referencias a la historia de la pintura con una mirada contemporánea.
En su trabajo, la familia y los vínculos íntimos se convirtieron en materia artística. No los retrató desde la nostalgia o la idealización, sino desde una mirada consciente del artificio y de las tensiones que atraviesan lo personal y lo afectivo, en un contexto donde también cambian las ideas de familia. El mismo estaba inmerso en un proceso de cambio, de reconstrucción familiar, en ese periodo.
Está obra puede entenderse como una exploración del lugar donde la familia —la suya propia, en este caso— deja de ser un simple motivo representacional para convertirse en un campo simbólico donde se disputan fuerzas fundamentales: la naturaleza y la cultura, el individuo y el grupo, la identidad y el parentesco.
El artista transforma el retrato familiar en una reflexión sobre la fragilidad de los vínculos, sobre cómo lo íntimo se vuelve político y cultural. Explorar el modo en que el cuerpo y la pintura pueden expresar las tensiones de lo humano, en un momento donde las nociones de familia y afecto están en plena reconstrucción.
Las figuras aparecen unidas en el espacio pictórico, pero al mismo tiempo aisladas por la distancia afectiva que se percibe entre ellas. La atmósfera densa, los tonos terrosos y grises, y la materialidad casi áspera de la pintura refuerzan la idea de que la familia aquí no es un refugio armónico, sino un campo de batalla entre naturaleza y cultura: entre los lazos biológicos y las construcciones sociales que definen los roles familiares.
La familia aparece entonces como un laboratorio de identidad, donde los sujetos son a la vez producto y resistencia de las normas culturales. Es el espacio donde se negocia lo que somos, no solo biológicamente, sino simbólicamente. Esta escena familiar, lejos de ser idílica o nostálgica, se construye desde la ambigüedad y la tensión emocional.


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