Descripción
Nico Jungel sitúa su libro de 424 dibujos en la historia más amplia de la imagen —desde las líneas rayadas en cuevas hasta los dibujos a tinta y las imágenes digitales posmodernas— como un medio para expresar y examinar la vida. Mientras imagina patrones de código fuente de unos y ceros, plantea la pregunta central: ¿cómo lidiamos con la enorme influencia del código binario en la vida cotidiana? La propuesta de Jungel es que, aunque nuestras vidas siguen estando cada vez más regidas por este principio de clara distinción, en realidad nunca hemos estado tan perdidos. Necesitamos categorizar (en los motores de búsqueda) y clasificar (en listas de los productos más baratos o mejores) para llegar a conclusiones mediante el análisis de datos y el reconocimiento de patrones (por ejemplo, en cuestiones de seguridad: ¿quién será el próximo terrorista?). Entonces, ¿cómo podemos «perdernos» de forma positiva —y así confiar en nosotros mismos— cuando el sistema perfectamente definido en el que operamos nos ciega?
Jungel establece un espectro medial que abarca desde dibujos a mano (tanto en papel como en pantalla), imágenes controladas por ordenador y mecánicamente, y patrones «encontrados» y editados, para luego mezclarlos todos y ocultar deliberadamente sus medios de producción. Una mirada más cercana a la mayoría de estos patrones mezclados y entretejidos da testimonio de su infinita variabilidad, ya que su creación es el resultado de un laborioso proceso de manos en movimiento. Con agujeros y huecos en giros inesperados, fluyen y serpentean de una manera que compite con el dinamismo incluso de las mejores animaciones generadas por ordenador.
Además, en la amplia variedad de imágenes que contiene el libro, se observará que algunos dibujos, a pesar de estar basados en las matemáticas, están impresos de forma imperfecta; otros sobreestimulan nuestra visión, provocando alucinaciones parpadeantes. Jungel busca posibilidades más allá de la perfección. Con su gran cantidad de dibujos, nos invita a tomarnos el tiempo para disfrutar perdiéndonos en algo, o más bien, en UNA cosa. Solo en ese momento, según su afirmación, se puede trabajar en cuestiones esenciales como: ¿Cómo, si es posible, podemos crear una distorsión impredecible? ¿Cómo debe ser una producción artística desafiante (que también se oponga a las máquinas y al software)? ¿En qué estructuras encuentra la vida (social) más salud y atractivo? El propio Jungel utiliza el proceso del dibujo para lidiar con este tipo de cuestiones existenciales, pero aún así consigue crear imágenes visualmente atractivas y desafiantes que marcan la solemne belleza de los puntos, las líneas y los espacios.










